jueves, 5 de marzo de 2009

Benicio go home

La inútil visita del astro del cine



Como siempre los venezolanos preferimos lo importado a lo autóctono. En Venezuela ya tenemos tremenda réplica del héroe revolucionario, quien -la réplica- nada tiene que envidiarle al actor boricua. Si la Villa del Cine hubiese producido la historia del médico argentino nadie le hubiese hecho caso, pero cuando es una compañía gringa que monta el proyecto y un actor extranjero quien interpreta el papel principal entonces sí se produce todo un movimiento mediático alrededor del asunto...

Y seguramente al preguntarle que opinaba de nuestro máximo líder, el Che criollo hubiese respondido algo un poco más enaltecedor que "simpático".

Benicio, no te llevamos nada...

lunes, 2 de marzo de 2009

La novedosa estrategia mediática

Calavera Vieja devela que no se trata de ineficiencia sino de un brillante artificio



Aparentemente las colas, las trancas y el tráfico pesado son elementos fundamentales para captar la atención de la población, instrumentos necesarios para la campaña mediática del rrrrégimen...

Ver para creer:

- ¿Cómo está el tráfico en la capital?

- Todo trancado mi Comandante...

- ¿Todo trancado? ¿Caracas está colapsada?

- Sí mi Comandante. El motorizado que enviamos hace una hora para que le trajera el Tody caliente aún no ha llegado...

- Tá bien... Díganle a Jesse que anuncie cadena...

domingo, 1 de marzo de 2009

Un lugar políticamente pavoso

Ser supersticioso no es recomendable pero toda regla tiene su excepción



La Plaza Altamira es un lugar políticamente pavoso. Está bien para pasear y comer un helado, para transcurrir el 31 de diciembre y disfrutar del espectáculo de fuegos artificiales, para organizar la gran bailanta gaitera de Venevisión o para intentar rebajar unos cauchitos con unas clases de bailoterapia -cortesía de la Dirección de Deportes de la alcaldía del municipio- los domingos en la mañana, pero para fines políticos la Plaza Altamira es un lugar pavoso.

Todo comenzó cuando un grupo de militares emitieron un comunicado en contra del régimen e invitaron a los demás miembros de la institución castrense para que los acompañaran en la Plaza Altamira -territorio liberado- en su política de "brazos caídos". Algunos así lo hicieron.

En un santiamén el lugar se llenó de gente, de altavoces, de carpas (para quienes incluso pernoctaban) y de buhoneros a cargo del pleno abastecimiento de parafernalia patriótica a uso de la vociferante multitud. Jamás en Venezuela se habían vendidos tantos pitos y cacerolas juntos. Ni se diga de las banderitas, cuando todavía eran siete las estrellas.

Mas que alzados, estos militares andaban "bajados" porque en vez de intentar una acción consustancial con su bélica naturaleza, optaron por declararse en "desobediencia legítima". Al intentar crear un efecto dominó para así deslegitimar al régimen de una forma aparentemente pacífica y desarmada, en realidad, dieron vida a un oxímoron: el militar pacífico. De todas maneras la estrategia no le funcionó.

A los pocos días las adhesiones mermaron y la Plaza Altamira se convirtió en un extraño centro de "poder paralelo", o mejor dicho, quiso convertirse en un centro de poder, mas se reveló simplemente un lugar de esperanzas para quienes aún no habían entendido que el pronunciamiento había fracasado.

Las mismas autoridades gubernamentales otorgaron al lugar una importancia que en realidad no le correspondía, refiriéndose constantemente al sitio como a una cueva de peligrosos conspiradores y punto de encuentro de cientos de "apátridas", todos deseosos de socavar al régimen democráticamente elegido. Incluso tanta presión por parte el gobierno desembocó en la muerte de tres personas (entre las cuales una adolescente) y varios heridos, a raíz de la acción de un individuo aparentemente afecto al "proceso" quien asumió la tarea de "limpiar la plaza".

Cuando por fin cesó la alharaca "reaccionaria" el lugar pronto quedó vaciado de toda significación política o histórica para la oposición, quien consideró el lugar como la Alesia venezolana.

En cambio, para el oficialismo el recuerdo de las fugaces (e imaginarias) glorias opositoras seguía presente. Tan presente que apenas las condiciones políticas se hicieron propicias se organizaron masivos eventos teñidos de rojo con el fin de demostrar la "conquista" del antiguo bastión opositor.

Los locales (en su mayoría opositores), ante el despliegue de poder oficialista y el vataje revolucionario, reaccionaron con apatía y perplejidad, prefiriendo olvidar y (sobre todo) ignorar tales eventos; los visitantes en cambio, actuaron con cierta incomodidad, debido principalmente la forzada confianza y, en algunos casos, al temor de represalias por parte de supuestos grupos "armados" ante su desafiante conducta.

Desde ese momento cada vez que el oficialismo ha organizado actividades en dicho lugar (y han sido varias), en vez de conseguir una victoria o una reafirmación de su precaria hegemonía electoral mas bien obtiene todo lo contrario, causando una silenciosa derrota pues sufre una pequeña hemorragia de poder. El esfuerzo por dominar y ocupar un lugar que en esencia le es extraño no constituye un sólido acto de fuerza y, en realidad, se asemeja más a una patada de ahogado impulsada por la desesperación política que a un despliegue de poder. Pura bravuconería innecesaria, por cuanto hace tiempo que el "peligro" dejó de existir. Desde que empezaron tales actividades los votos para el "proceso", así como su popularidad, han venido menguando o no han alcanzado las metas previstas. Y a las pruebas me remito trayendo a colación la famosa fanfarronada de los "diez millones", que al final resultaron ser unos siete y pico, casi tres millones menos que lo vaticinado y los "excelentes" resultados del reciente referendo plebiscitario. Una tontería.

Pero creer en la pava no sólo es síntoma de ignorancia sino también señal de miedo. Así que para desmentir la supersticiosa y temeraria teoría esbozada en estas líneas, el oficialismo debería concretar más actos de masa en la Plaza Altamira.

De repente hasta organizar un cierre de campaña.

martes, 24 de febrero de 2009

El difícil arte de cogerse unos reales

Una escueta guía para el funcionario público ambicioso



Cogerse unos reales es más complicado de lo que uno se imagina. Si bien es cierto que para quien pretenda iniciarse en tan lucrativa carrera en estos tiempos existen incentivos y facilidades (cortesía de unas instituciones afectadas por anopsia), también es cierto que dicha actividad no es realizable por cualquiera, pues se necesitan características específicas para su exitoso ejercicio. Además es preciso diferenciar la profesionalización de la actividad del acto eventual, incluso del primer y único intento. He aquí donde se separa la noción de delincuente profesional de cuello blanco (aunque en las actuales circunstancias sea más correcto rebautizar el término como "de cuello rojo") del simple aprovechador circunstancial -primerizo o aventurero- y cuyas aspiraciones a largo plazo se ven truncadas por su lamentable falta de pericia, luego de un sonoro puntapié por el trasero y su indefectible calificación de "infiltrado" o "agente de la CIA".

Al sortear los impedimentos iniciales (ya de por sí una hazaña), tales como inexistencia de padrinazgo o compadrazgo, falta de ocupación de cargo apto para tal función o la simple impericia en la prestidigitación presupuestaria, el incipiente millonario debe aprestarse para entrar en materia. Para que esto no se convierta en un verdadero tratado sobre la obtención de ganancias ilícitas, vamos a considerar como cumplidos los presupuestos iniciales necesarios para dar inicio a la actividad que nos atañe -pues los padrinos y los cargos públicos no los proveen los libros- y analicemos los requisitos esenciales para lograr una exitosa carrera en lucrativo circuito de las finanzas públicas.

El carisma Uno de los requisitos más importantes, entendiéndose en su elegante acepción de facha. La dificultad intrínseca de este primer elemento estriba en la necesidad de lograr una actitud completamente dicotómica, perfectamente desdoblada, incluso asumiendo rasgos aparentemente excluyentes. El interesado deberá aparentar tanto una imagen intachable (tendiente a repeler automáticamente cualquier crítica u observación acerca de una eventual manejo opaco de las finanzas) como cierto aire de bienestar y astucia, propio del individuo acostumbrado a prácticas y manejos pecuniarios extremadamente dúctiles. En pocas palabras, deberá ser capaz de crear un aura inmaculada inherente a un funcionario recto e íntegro, útil para fulminar con una sola mirada quien pretenda mancillar maliciosamente su reputación. Simultáneamente el otro reto consiste en proyectar esa imagen de hombre mundano, discreto pero práctico de los manejos subterráneos, a los fines de atraer la confianza de toda esa mesnada de ayudantes o claque de colaboradores tan necesarios para el exitoso cumplimiento de su cometido.

La paciencia Otro requisito indispensable. El manejador experto de los dineros públicos debe estar consciente de que no es posible lograr negocios satisfactorio y rentable todos los días. Es más, la obsesión de concretar un guiso diario puede resultar fatal para su carrera. Quien pretenda lograr una trayectoria longeva en la corruptela deberá aprender no sólo a guardar las apariencias, sino a mantener la calma. Las buenas oportunidades tardan en aparecer y solo una flemática decantación de los pros y los contra relativos a cada oportunidad guiará la mano diestra hacia un negocio seguro, estable y rentable, casi exento de riesgos. Que no se nos malinterprete; con esto no se excluye la posibilidad de que sea el mismo interesado quien se establezca como el iniciador de las circunstancias creadoras del negocio (o sea, el que tiene la idea o el que suelta los reales), no obstante la buenas ideas son un bien colectivo y cualquier persona, dentro de un determinado círculo de relaciones interpersonales, podrá aprovecharse de ellas, siempre y cuando mantenga la actitud descrita con anterioridad: estilo, clase y paciencia.

Trabajar bajo presión A veces las fechas apremian, otras veces la competencia es asfixiante. Y en algunos casos inclusive la imagen de funcionario intachable no es suficientemente sólida para mantener alejadas críticas destructivas y malos comentarios. Es preciso por lo tanto efectuar un rápido recálculo de los riesgos y los beneficios que el negocio pueda proporcionar. Esta simple (pero estresante) operación se erige como la verdadera prueba de fuego del funcionario ambicioso. Únicamente cuenta con tres opciones:

1. Desistir

2. Asociarse

3. Insistir

La primer opción es seguramente la más trágica y no necesariamente la más segura, por cuanto una retractación muy acelerada y una actitud muy despavorida pudieran denotar culpabilidad de manera casi inmediata. Para adoptar este lamentable camino debe valorarse la magnitud de la denuncia, de los riesgos y de las pérdidas.

La segunda opción es quizás la más común, sin embargo puede conllevar al aumento exponencial de los socios y diluir los rendimientos del negocio. Aún más lamentable es cuando los deseos incontrolados de los viles detractores se desbordan y éstos pretenden (¡de manera inaudita!) asociarse en actividades no comprendidas en la denuncia inicial. En este caso es preferible optar por una solución ganar/ganar, exigiendo cierto grado de compromiso o sacrificio al futuro socio. También es válido plantear una alianza estratégica a largo plazo.

La tercera opción implica en enfrentamiento directo. Esta última acción debe ponderarse cuidadosamente por cuanto pudiera conllevar la eliminación de una de las partes. En caso de pérdida los resultados son desastrosos pero en caso de supremacía el carisma pudiera incluso incrementar (vid. El carisma).

Así que si usted ya cuenta con chequera y presupuesto o amistades que los tengan, no pierda más el tiempo y ponga en práctica ahora mismo estos valiosos conocimientos.

¡Éxito!

sábado, 21 de febrero de 2009

La música de ayer

Las melodiosas remebranzas de Calavera Vieja



El otro día estaba hablando con Don Tiburcio de la música de ahora. Le decía que eso está espantoso, que yo no sé como hacen esos jóvenes para escuchar eso. No se entiende nada, eso es pura bulla...

Yo le decía que antes se escuchaban cosas bonitas y uno las podía bailar. Las palabras se entendían, las canciones tenían sentido, tenían mensaje, eran bien bonitas...

Esas canciones tenían que ver con las cosas que le pasan a uno todos los días. Por ejemplo, tenían que ver con asuntos de familia

http://www.youtube.com/watch?v=ZD6jp8261Ug

con problemas con la comida,

http://www.youtube.com/watch?v=pCvBHr0yogA

o también hablaban de la naturaleza, de los animales

http://www.youtube.com/watch?v=5GBqat7qnj0

¿Y cómo fue que dijo Don Tiburcio? Él dijo que esas eran letras de contenido "sicalíptico", así fue como dijo "sicalíptico", así que fui a buscar que era eso y el diccionario decía que tenía que ver con la "sicalipsis", entonces lo dejé de ese tamaño porque me dio flojera seguir buscando... Pero la música de antes era más bonita.